14 de abril de 2010

Clifford Matthews o la demencia del disfraz.

Clifford miraba atentamente el entorno que le rodeaba, mimetizado con las plantas aguardaba a salir de su escondrijo, unos arbustos en Primrose Hill. Pudo divisar a unos quinientos metros la comitiva que se acercaba por la vereda, unas cincuenta personas y dos franceses. En ese grupo, formado en su mayoría por aristócratas y burgueses iba Joshep Bazalgette, insigne ingeniero y planificador del alcantarillado de Londres.

Clifford, embutido en un traje de mono, sucio, roto y sin la oreja derecha, reconoció al bigotudo cavador de fétidos túneles y acarició el cuchillo que apretaba en su mano. Le pareció oler la sangre, y prometió que no fallaría cuando Bazalgette estuviera al alcance. Llevaba años esperando esa oportunidad y no iba a fallar, no esta vez.

¿Que transforma a un prometedor cantante de opera en un asesino demente embutido en un traje de gorila? Las líneas que siguen explicarán sucintamente la historia de Clifford Matthews, un hombre obsesionado con la felpa, el canto y las profundidades de la selva africana.

Clifford Matthews tuvo una infancia más o menos normal, hijo del armador Richard Matthews vivía confortablemente en los barrios acomodados de la capital inglesa. Y decimos más o menos porque su padre, amante del acero, los remaches y las prostitutas húngaras, fue obsequiado por uno de sus capitanes con un extraño regalo: Un chimpancé traído del continente africano. El bicho al principio despertó las simpatías de todos con sus cucamonas y excentricidades. Era bastante gracioso achuchárselo a los criados y ver como moría alguno cada quince días. Sin embargo poco a poco, el padre de Clifford empezó a dejar de lado a su hijo en favor del simio. Es cierto que Clifford era un niño sosete y sin gracia, pero quizás nunca debería haber oído decir a su padre: - Puto mono - mientras que le acariciaba el cogote al animal - que salao eres jodío, ojalá el sin sangre de mi hijo fuera la mitad de alegre que tu.

A partir de ese día Clifford se encerró en sus estudios de canto, y no quiso saber nada ni de su padre ni del mono, que extrañamente pasaba cada vez más tiempo con su progenitor en la habitación marital, en demérito de Mrs. Matthews y las prostitutas húngaras.

Clifford creció y empezó a hacerse un hueco entre tanto italiano gordo. Su voz aun no era perfecta, pero era inglés y de buena familia. Además medía casi dos metros, por lo que repartía lirísmo físico a la entrada de las audiciones. Vio la oportunidad perfecta para acabar de despuntar en el mundo del bel canto, un espectáculo para inauguración del primer tramo de las alcantarillas de Londres, obra del ingeniero Joseph Balzagette.

Nuestro protagonista consiguió el papel principal para cantar delante de las autoridades en tan insigne día en el que las calles dejarían de trasladar efluvios corporales y vísceras de toda clase. Clifford se las prometía felices, pero en mitad del espectáculo un mono huido de un circo cercano fue a toparse con la celebración, el escenario y nuestro cantante. No sólo interrumpió y arruinó su momento, si no que le dejó en un ridículo espantoso. El animal se subió a la chepa de nuestro alto tenor, y con los nervios (el simio era un animal de costumbres mingitivas) se le orinó encima. Tal concatenación de hechos hizo que el público riera con furia vergonzante (una señora de Devonshire sufrió un infarto incluso) y que el suceso apareciera en la prensa del día siguiente en primera plana. Clifford Matthews vio truncada su carrera operística y cayó en una profunda depresión nerviosa. Los monos se habían vuelto a cruzar en su camino.

Su padre, no sin cierta maldad, le ofreció un trabajo para que el muchacho pudiera rehacer su vida. Disfrazarse de gorila para ser fotografiado junto a todo aquel que pagara unas monedas. Clifford aceptó, aunque cuentan, que mientras que cada día se ponía y quitaba el absurdo disfraz sus ojos daban miedo (ver documento gráfico adjunto).

La mañana en la que empezaba este texto Clifford estaba fotografiándose con un fabricante húngaro de corsés, corpiños, y ligueros de encaje (primo de las amigas de su padre). Justo después del fogonazo de magnesio el falso gorila sacó un cuchillo de dimensiones importantes y degolló al húngaro sin remisión. Después se cortó una oreja y se la regaló a un linotipista que encontró a la salida del estudio - ten, aquí te doy mi orgullo herido - le dijo entre risas y gemidos simiescos.

A continuación se dirigió, como sabemos, a Primrose Hill (fuentes de la investigación encontraron un periódico en su cuartucho donde se detallaba el evento) y se ocultó a la espera de la comitiva. Atribuía su desdicha a Bazalgette (la mente de un demenciado es siempre confusa) y se disponía a infringirle un castigo ejemplar.

Cuando la romería de burgueses victorianos estaba a unos veinte metros, Clifford salió de entre los matojos cuchillo en mano, dando gritos como un salvaje y corriendo con el traje de mono hacia su objetivo. A diez metros se tropezó con su propio traje, con la mala fortuna que cayó sobre su cuchillo, hiriéndose de muerte.
Las personalidades, adoptando la típica flema británica siguieron andando y rodearon cuidadosamente el yacente cadáver, mitad mono, mitad persona, todo felpa. Bazalgette mirando el guiñapo dijo: - Estos irlandeses cada día son más raros... y peludos.

Clifford Matthews fue recogido por las autoridades, disecado y trasladado a un museo de provincias, dentro del traje de gorila, para que sirviera como ejemplo sin par de la fauna que poblaba tan curioso continente.

4 de septiembre de 2009

Los 36 niños chinos y Michelle Ashcott

Michelle Ashcott siempre tuvo una cosa clara en la vida, su devoción a la enseñanza, la transformación de "esos pequeños diablos ácratas" en "dispuestos caballeros a rebosar de rectitud". Estuvo trabajando como docente diez años en diversas escuelas de los barrios más elitistas de Londres, enderezando mentes y espaldas a golpe de disciplina, tanto mental como física.

En su curriculum figuraba además la educación personal como institutriz de la pequeña Henrietta Sweetman, hija del armador Julius Sweetman, famoso por sus barcos con separación estanca entre primera clase y el resto de los camarotes-chusma. Henrietta era conocida en el vecindario por apodos tan cariñosos como "little devil" o "the eighth plague". En los mentideros de la época se cuenta que la niña había matado de un ataque de nervios a su abuela, tirado por las escaleras a tres criadas y en general haber martirizado a cuanto ser viviente se le ponía por medio. Seis meses después de que Michelle Ashcott la tomara bajo su tutela educativa, la inquieta heredera paso a ser un ejemplo de templanza, tranquilidad y educación.

Con tamaña peripecia Miss Ashcott, soltera ya que consideraba el ayuntamiento carnal como una aberración propia de salvajes, recibió una oferta laboral tan extraña como atrayente. La Hammersmith Educational Society se había fijado en ella. Esta institución era conocida por sus esfuerzos en demostrar la superioridad de la cultura británica alrededor del mundo, haciendo especial énfasis en denunciar "a la decante Francia, país de comedores de queso con hongos".

La H.E.S. quería demostrar la teoría de que incluso unos niños chinos, "asalvajadas crías amarillas" en el original, podían superar en prestancia y conocimientos a Patrice de Mac-Mahon, Presidente de la Tercera República Francesa e hijo de inmigrantes irlandeses, lo cual ya era considerado por la Hammersmith como una "aberración de proporciones catastróficas". Para ello compro 36 niños chinos a un comerciante búlgaro, que además incluyó en el trato a tres meretrices holandesas (desconocemos el devenir de las señoritas), y los puso bajo la tutela de nuestra protagonista, Michelle Ashcott.

Lo que sigue a partir de aquí se torna brumoso debido a lo hermético de esta sociedad educativa, poderosa hasta el punto de influir en toda la prensa de la época. Lo que se sabe a ciencia cierta es que dos meses y medio después de comenzado el experimento, que tuvo lugar en una casa en la campiña en el condado de Chesire, hubo un extraño disturbio donde murieron varios campesinos, la institutriz y 15 policías enviados a sofocar la revuelta. No se conocen los detalles, pero se mantiene diferentes teorías.

La más creíble, sostenida por el investigador Stephen Himmings de la Universidad de Edimburgo, es que el comerciante búlgaro dio gato por liebre a la sociedad educativa. Este profesor cree que los niños chinos eran chinos, pero no niños, si no enanos de un circo de acróbatas de Sofía que había quebrado tres meses antes del experimento. El señor Himmings mantiene que los enanos asiáticos una vez instalados en la casa del experimento, y aburridos de la estricta y encorsetada educación victoriana, se dedicaron a montar orgías entre ellos, ya que estaban repartidos a la perfección entre ambos sexos. El espectáculo fue tal, 18 parejas intercambiables dándole como si les fuera la vida en ello, que la educadora Michelle Ashcott sufrió una conmoción, y una vez liberadas sus energías femeninas, antaño bajo toneladas de corsés y frustraciones, fue al pueblo mas cercano con la intención de satisfacer su nueva necesidad. Violó y luego asesinó a unos siete rudos campesinos sin que estos pudieran ofrecer resistencia, y luego a quince policías, hasta que fue derribada de ocho disparos.

Sea o no acertada la investigación del profesor escocés, lo que ninguna teoría tiene en cuenta es que fue de los 36 libidinosos orientales con una altura no estándar. ¿Fundaron una sociedad secreta?¿Volvieron a China?¿Se ocultan aun sus descendientes en los bosques del condado de Chesire?, eso es algo que permanecerá oculto, para siempre.


29 de noviembre de 2007

La abuela paradoja

El mundo de la física cuántica es para la mayoría de los mortales como intentar encontrar comprensible un texto jurídico chino, sin saber de leyes ni chino, claro está. Tiempo afectado por la gravedad, agujeros de gusano, micropartículas que están en dos sitios a la vez, todo un enigma. Hay ocasiones en las que ocurren cuestiones alejadas del entendimiento humano, y la historia que viene a continuación es una de ellas.

Evidentemente en el siglo XIX el mundo de la ciencia discurría por los apacibles senderos que Newton había establecido un siglo antes. Las manzanas se caían de los árboles y todo era más o menos normal. Si los científicos de la época hubieran sido más observadores y abiertos se tenían que haber fijado en Svetlana Gólubev, la anciana de la foto, y no en las iguanas de las galápagos. Por supuesto para los hombres doctos pasó desapercibida, pero no para los hombres del espectáculo, el entretenimiento y la buchaca llena de monedas, es decir, los promotores circenses.

La única referencia a Svetlana proviene de un pequeño artículo de periódico del que se habla de la llegada a Londres de un circo ruso en Abril de 1864. Esta caravana de maravillas traía como principales reclamos a unos gemelos ucranianos capaces de comer acero y a Svetlana, una abuela con una capacidad asombrosa.

Al parecer la señora Gólubev tenía la habilidad de que cualquier objeto, persona o animal que introdujera debajo de sus faldas desaparecía, para volver a aparecer al cabo de un rato a unos metros de distancia. Esto en el mejor de los casos, en ocasiones los objetos aparecían a kilómetros, se esfumaban para siempre o incluso se sospecha que viajaban en el tiempo. Efectivamente, como lectores inteligentes de Memoria de lo Irreal habrán reparado el porque hablaba de mecánica cuántica al comienzo de esta historia, esta buena mujer tenía una paradoja físico-temporal debajo de sus faldas (lo de agujero negro me sonaba demasiado grosero).

La abuela declaraba en la prensa: "No se ni me importa lo que ocurre ahí debajo, lo que sé es que me lleva ocurriendo desde que parí a mi decimoséptimo hijo, Alexei, que curiosamente pesó mucho más que ningún otro al nacer" y continuaba " desde que mi marido Antonov me repudió, ya que no se aliviaba a gusto en estas extrañas condiciones, me enrolé en este circo, donde me dan una cama y leche con galletas a diario".

Al parecer el número consistía en que Doña Svetlana salía a la pista con su ayudante, un domador de cabras portugués, apellidado Muthiño. Svetlana, para guardar su pudor, vestía una gigantesca falda negra. Muthiño levantaba con un palo un pliegue de su falda, e iba introduciendo cosas. Al principio metía objetos pequeños, un cubo, una trompeta, para luego pasar a cuestiones de mayor tamaño. Se cuenta que en Kiev Svetlana engulló un piano de cola enterito. Al rato los objetos aparecían a unos metros de la abuela paradoja, precedidos de un extraño flash. Las mayores ovaciones del público las recibía cuando empezaban a meterse bajo la falda criaturas de toda clase: gallinas, corderos, un mono amaestrado. De hecho las cabras de Muthiño también se metieron un día, pero nunca más se supo de ellas.

Para el truco final empleaban a gente, voluntarios del público en su mayor parte. Los aguerridos espectadores comentaban que empezaban a meterse bajo la falda de Svetlana, y al llegar a las enaguas todo se volvía blanco y confuso, y al momento siguiente tenían ante si de nuevo a la abuela y a la grada enfervorecida.

En privado Muthiño, como era un hombre curioso, experimentaba con la anciana. La metía una cuerda y al rato parte de la soga aparecía de la nada, flotando tras una luz. Sin embargo el final de la abuela paradoja fue tan misterioso como su capacidad.

Una noche el circo fue sobresaltado por un extraño ruido. Toda la trouppe salió de sus caravanas a ver que ocurría, y se encontraron la caravana donde dormía Svetlana plegándose sobre si misma. Al cabo de unos minutos hubo un gran flash y una onda tiró a todo el mundo al suelo. Al recobrarse los artistas circenses se dieron cuenta que la caravana había desaparecido, y con ella la abuela paradoja. Lo más curioso es que en su lugar estaban las decenas de objetos que habían desaparecido, las cabras de Muthiño y diez cosacos a los que se perdió el rastro tres años atrás.

8 de noviembre de 2007

Doris, la niña inquietante

Londres, 188o, nace Doris Huntington en el seno de una familia de la pequeña burguesía de la capital británica. Su padre James P. Huntington tiene un negocio de correas de transmisión. De su madre poco hay que reseñar, más allá de que era la típica esposa decimonónica, abnegada a su familia, sus labores y a la flagelación erótica.

La pequeña Doris pasa sus primeros años en un ambiente de normalidad y aunque su vida no es opulenta no pasa privaciones de ningún tipo. Sus padres y ella son felices, moderadamente felices al estilo victoriano. Si la vida de la hija de los Huntington hubiera seguido su curso normal la niña hubiera asistido a sus clases privadas, hubiera desarrollado las típicas frustraciones psicológicas, y a la edad reglada su padre la habría intentado colocar en matrimonio con algún Sir 20 años mayor que ella. Pero la tranquila existencia de los Huntington se iba a ver truncada por un suceso inesperado.

En 1882, cuando la pequeña Doris tenía dos años y medio su madre empezó a sufrir crisis de ansiedad. Los médicos que la trataron no la encontraron nada grave, más allá de las típicas rojeces a causa de la fusta de Mr. James. De camino a casa la Señora Huntington confesó a su marido algo escalofriante:

- James, creo que es la niña la que me provoca esto.
-¿Cómo dices querida?-Preguntó el marido estupefacto y dispuesto a usar su educativa fusta.
- No, no se trata de travesuras infantiles, es ella misma.- Suspiró la madre de Doris.- Es que me mira con esos ojos tan fijamente y tan callada que me pongo nerviosa, es una niña muy inquietante.

Prueben a mirar, queridos lectores durante un rato la foto de la pequeña Doris, lo notan, ¿Verdad?. Poco a poco el problema de Mrs. Huntington fue trasladándose a todos los que rodeaban a la hija de esta: su padre, su abuela, el cartero, el amante de la abuela. La niña no hacía nada especial, llegaba, te miraba durante un rato con su carita de patata, y el observado empezaba a desarrollar un nerviosismo atroz, una desazón interior, un mal rollo en grado sumo.
Lejos de que el fenómeno remitiera, se acrecentaba con el paso del tiempo. La familia asustada decidió que la mejor forma de evitar el problema sería cubrir la cabeza de la niña con una máscara de saco.

Pero no sirvió de nada. Doris se acercaba y aunque no pudieras ver su cara empezaban los sudores fríos, el desasosiego, la inquietud. La pequeña no podía salir de casa, un día su padre la llevó al parque y los demás niños empezaron a correr descontrolados, llorando, sus madres vomitaron a coro y el jardinero que en esos momentos cortaba los setos intentó rebanarse el pescuezo con las tijeras de podar. Y Doris impasible, ejerciendo de niña inquietante.

El señor Huntington se reunió con su esposa y le confesó que no aguantaba más. O abandonaban a la niña en un bosque o la tiraban al Támesis. Los padres estuvieron de acuerdo en adoptar la solución más razonable para todos, tirar a la niña al río.

En ese momento se abrió la puerta de la habitación del matrimonio Huntington, chirriando como chirrían las puertas en esas ocasiones, y en el umbral apareció Doris. Empezó a mirar a sus padres con su carita de patata, ellos notaron como sus corazones se aceleraban y un escalofrío les recorría el cuerpo. Doris levantó su mano, señalo a su madre y esta cayó fulminada, acto seguido Doris se acercó a su padre que estaba en el suelo sollozando. Se aproximó lentamente a su oído y pronunció sus primeras palabras:

- Soy Doris, la niña inquietante.

A la mañana siguiente la sirvienta encontró a Mr. y Mrs. Huntington muertos de miedo (literalmente). Scotland Yard investigó y no encontró pistas del crimen ni de la niña. El caso pronto fue olvidado por la prensa, ya que un león escapado de un circo devoró a un par de comerciantes franceses. El león fue condecorado por las autoridades. Aunque nunca se supo de Doris, una leyenda se fraguó por toda Inglaterra. Se contaba que una niña rubia con cara de patata, y más tarde una jóven y años después una mujer, vagaba sin rumbo fijo, y todo aquel que se la encontraba volvía a casa nervioso, asustado, diciendo lo inquietante que había sido verla.

10 de octubre de 2007

Vuelve Memoria de lo Irreal

Hace casi un año comencé a escribir Memoria de lo Irreal. El blog, tal y como su cabecera indica, nació con la intención de ser un continuo falso documental de humor. El falso documental es un subgénero que siempre me ha fascinado, y encuentro su paradigma en Zelig, de Woody Allen. El falso documental debe (o puede) resultar creíble, pero nunca con ánimo de engañar al espectador, en todo momento debe quedar claro que lo que se cuenta es ficticio, básicamente se aprovechan las técnicas del documental para contar una historia de ficción.
Escribí unas pocas entradas y colgué unos pocos vídeos. Algunos de los post me parecen bastante graciosos, un año después cuando los leo, aun me sigo riendo con ellos. Sin embargo la falta de visitantes, y sobre todo, la exagerada especificidad del blog me hizo dejar de escribirlos.
Hace unos meses abrí La aurora Moderna, un blog sobre cultura y sociedad, que me permite hablar sobre todo lo que quiero. Esto me hace plantearme el volver a actualizar Memoria de lo Irreal, no todos los días, pero si al menos escribir un par de estupideces al mes que por lo menos al mi me hagan reír.
Ya saben, si quieren sumergirse de nuevo en la fascinante era victoriana, volver a leer pequeñas historias sobre enanos con el diente largo o pasearse por las calles del Londres decimonónico a la busca de algún fenómeno tienen una cita con Memoria de lo Irreal de vez en cuando.

18 de diciembre de 2006

14 de diciembre de 2006

El día del Ferrocarril


Hubo un momento en este planeta en el que no existían la televisión, ni las consolas, y aunque no lo crean tampoco existía internet. La gente sin embargo tenía las mismas ganas de divertirse que ahora por lo que tenían que llenar su tiempo de ocio con lo que tuvieran a mano.
Y en Wauconda, Illinois, en 1913 no había demasiado entre lo que elegir. Taberna, prostíbulo o tirar piedras al maestro del pueblo (cada 15 días tenían que mandar uno nuevo, aunque esa es otra historia). La situación era similar en todos lados por lo que un avezado millonario, Clark Craig, tuvo una idea para sacar del ostracismo a todos los pueblos perdidos del país.
Compró un tren, que ya de por si era algo semimágico en algunos lugares, y lo llenó con todo tipo de atracciones para paseárlas por toda Norteamérica. Los habitantes del inframundo, a cambio de unas monedas podrían disfrutar del show y contárselo a sus nietos.
Craig no quería ni necesitaba hacer negocio con su espectáculo ambulante por lo que decidió arriesgar y contratar a todos los artistas más periféricos que encontrara. El filántropo de lo extraño era newyorkino y en esta ciudad fue donde reclutó a la troupe inicial. Con el paso de los kilómetros fue añadiendo individuos poco usuales a su colección de las zonas por donde pasaban.
Uno de sus primeras incorporaciones fue Albert Moranis, un ex-actor y vagabundo que había perdido la cabeza e interpretaba Macbeth el sólo y desnudo. También estaba Meredith Hawkings quien tenía la extraña habilidad de poder doblar su cuerpo de forma inverosímil. Era conocida como Meredith "la rubia de goma" capaz de mostrar a la vez todo los puntos erógenos que una mujer posee.
Existían también números algo violentos. En un pueblo de Texas el tren de la risa, como también era conocido, dio asiento a un palurdo que tumbaba a cabezazos a quién se le pusiera por delante. Cuando llegaba a los pueblos y caían varios paletos ante el palurdo, los pueblerinos le ponían delante asnos, toros, osos, gordos, lo que fuera para comprobar la destreza del "ariete de la frontera". Todos caían con un chichón o un traumatismo craneoencefálico. Era popular el número en el que el palurdo de Texas rompía troncos con la cabeza. Luego con la madera talada a base de testarazos hacían una hoguera y quemaban a un chino presuntamente ignífugo (siempre se sospechó que este número era una estafa, es decir, que existían múltiples chinos "ignífugos").
El tren también contaba con un rumano enano, Alexandru, que podía ejecutar cualquier acrobacia y a cualquier persona con su escoba. La compañía de gas, de electricidad y los fabricantes de sogas le interpusieron una demanda por intrusismo profesional.
La vida sonreía a los freaks, a Craig, quién estaba ganando dinero a espuertas y a los gañanes de EEUU quien vieron aumentado su número de diversiones de forma exponencial.
Sin embargo Craig, en una de las visitas que hizo a su feria rodante fue mordido por la "dama verde". Un mujer rescatada de un frenopático en Arkansas que cultivaba musgo en sus ingles. No hubo ninguna razón para el bocado, la dama verde sólo dijo "la muerte es la vida, quiero rosquillas". Craig murió en tres horas por infección múltiple, el médico del tren que le atendió, un indonesio que también ejercía de cocinero, pensó que la mordedura era de un Dragón de Komodo.
La muerte de Clark Creig fue como retirarle el hombro a un borracho. Los herederos abandonaron el proyecto e invirtieron el dinero en el producto estrella de las farmacias el Vin Mariani.
Los artistas no tuvieron más remedio que volver a sus quehaceres habituales, el vagabundeo,el robo y la extorsión.
El tren fue vendido a una compañía de transportes teniendo un brutal accidente tres días después. Varios testigos afirmaron que se vió a un tipo corriendo hacía el tren con su cabeza en posición de embestida.

El Hotel eléctrico

Segundo de Chomón. Maestro de lo irreal

23 de noviembre de 2006

El hombrecillo de Hyde Park

Hyde Park, 1896. Miss Stanford una joven burguesa de 19 años sale corriendo despavorida de un pequeño bosquecillo del mayor parque de Londres. Lleva la ropa hecha jirones, cara de susto y un mordisco en su nalga derecha.
La muchachita declara a la policía, tras dos días intentando arrancarse el cabello, que un hombrecillo salió de entre unos setos pegando cabriolas y la agredió de forma poco casta.
Era la cuarta víctima en un mes y más o menos todas las descripciones y víctimas eran similares. Mujeres jóvenes, ricas y guapas y un pequeño asaltante con necesidades sexuales no satisfechas.
El caso pronto se hace popular entre los habitantes de la capital victoriana, ávidos de nuevos sucesos que agiten sus aburridas vidas. Además a diferencia de Jack el destripador este tipejo sólo ataca a las clases altas, que por otra parte son las únicas que tienen tiempo para el paseo y la contemplación. Todo un working class hero.
Los periódicos, siguiendo su tradición de informar de forma aséptica del caso, hicieron el resto.
La versión más extendida era que se trataba de un enano de circo comunista (no el circo, el enano). Otros apostaban por que era un marinero español de escasa talla pero tremendamente fogoso. La liga de hombres racionalistas apostaba por un simio escapado del algún antro, en que al parecer utilizaban monos amaestrados en peleas clandestinas.
El gobierno decidió tomar cartas en el asunto ya que la popularidad del hombrecillo de Hyde Park era cada vez mayor entre los proles. Las niñas de la época cantaban una cancioncilla en sus juegos que decía algo como:
"Hombrecillo de Hyde Park, Hombrecillo de Hyde Park
pronto sale del un matojo, pronto salta hacia tu faz,
Hombrecillo de Hyde Park, Hombrecillo de Hyde Park,
es un hombre muy fogoso, en tus carnes lo sentirás"
Las autoridades organizaron una cacería del pequeño héroe urbano. Cerró el parque y pidió a todo gentil hombre con un rifle que actuara a favor del glorioso imperio británico y las nalgas de sus hijas. El día señalado se concentró un auténtica jauría humana en el parque, 1025 hombres armados a la caza de nuestro protagonista. Había de todo, cazadores de fauna africana, cazadores de fauna asiática, cazadores de fauna irlandesa, militares con su colorista uniforme, un leñador escocés, varios yankees asalvajados y hasta un carnicero polaco con sus cuchillos y su mandil.
Se abrió la puerta de Waterloo y los avezados cazadores entraron sedientos de sangre. Y tuvieron sangre.
Ningún prohombre organizador del gobierno se dio cuenta que mil y pico tipos armados serían un problema para ellos mismos. Al final de la jornada quedaban sólo trescientos valientes vivos. Y el hombrecillo de Hyde Park ni tuvo la culpa ni mató a ninguno. Al parecer el canguelo del parque cerrado y la codicia por la recompensa hacía que todo ser viviente que se movía fuera aniquilado.
El carnicero polaco mató a un Sir y a cinco ardillas, antes de caer fulminado por un disparo de un cura anglicano. Mención aparte merecen los yankees asalvajados que se mataron entre ellos por una disputa deportiva.
Lo peor del asunto es que se corrió el rumor de que el hombrecillo había acabado el sólo con los salvadores de la patria. En el West End se le erigió una eventual estatua de cartón y madera.
Una nueva treta se les ocurrió a los servidores de la ley, y esta con éxito. Llenaron el parque, pero esta vez de meretrices y guardianes del zoo, estos últimos vestidos de forma libidinosa. En diez minutos el pobre habitante de los setos yacía en una red.
Nunca se supo muy bien de quien se trataba realmente, comunista circense, marinero español o simio tabernario. Desgraciadamente antes de la investigación el hombrecillo de Hyde Park se murió por una infección en las encias. Las damas de la alta sociedad eran poco propensas al agua y al jabón.

P.d.: Se conserva el esqueleto del hombrecillo de Hyde Park en el museo de delincuentes aberrados y maleantes bizarros de Londres. En el reflejo del cristal Bern Hox y señora.

7 de noviembre de 2006

Ciencia sin complejos


¿Se puede vivir sólo con la cabeza?. Parece ser que los guionistas de futurama también vieron este video.

3 de noviembre de 2006

La familia Fabiano. Una historia de violencia



Crotone, año 1905. La familia Fabiano en plena boda múltiple. Los cinco hermanos contraen matrimonio con cinco mujeres de Catanzaro, capital de Calabria. En la foto también aparecen sus padres, Don Adelfo y Doña Massima. También aparecen un par de niños que la familia había cambiado a un circo portugués por cinco gallinas y unas cebollas.
La historia de esta familia no habría tenido nada de particular en la Italia de principios de siglo XX, a no ser por este día, el día de la boda múltiple.
Don Adelfo, propietario de una fabrica de conservas decidió que la mejor forma de publicitar su negocio sería que todos sus hijos contrajeran matrimonio a la vez. Como todos los hermanos tenían novia cuando estaban en la veintena bastó con organizar un evento y presionar a los muchachos para que aceptaran la idea. No hubo demasidadas dificultades, y si las hubiera habido, Don Adelfo, ex-boxeador en su juventud se habría encargado de solventarlas de manera diplomática.
Se organizó el banquete en un finca propiedad de la familia, al aire libre, ya que era imposible dar de comer a los 7500 invitados en otro lugar. Como le gustaba decir a Don Adelfo: "a mi me gusta hacerlo todo a lo grande, que para eso soy rico y tengo un cimbel enorme". El tamaño del miembro de este señor también daría para otra historia, aunque eso no es lo que ahora nos ocupa.
Realmente, de los 7500 invitados la mayoría tenían nula o escasa relación con la familia, pero Don Adelfo quería que fuera la boda más grande de la historia de Italia, atrayendo de esta forma a cientos de periodistas que vendrían a cubrir el evento. Otra de las características del enlace fue que toda la comida serían conservas de la fáctoria Fabiano.
El día de la boda aldeas enteras se vaciaron, casi todos los periodicos de italia mandaron a sus corresponsales a cubrir el curioso evento, cientos de camareros servían latas por las mesas. "Nada podría salir mejor" decía Don Fabiano, encantado de ver disfrutar con sus conservas a los miles de invitados, a sus hijos, sus novias, su mujer, la silenciosa y abnegada Doña Massima, incluso a los niños del circo portugués.
Sin embargo siempre existe un factor riesgo, un suceso inesperado, un efecto caos acechando a la tranquilidad. En este caso un imprevisto microscópico, la bacteria helicobacter pyloris, causante de esta historia de violencia.
La amiga helicobacter en condiciones normales provoca dolor de tripa, pero mezclada con el conservante secreto que Don Adelfo utilizaba en sus productos enlatados se transformó en la bacteria de la locura y la destrucción homicida. Y todas, todas las latas que consumieron los 7500 invitados portaban millones de estós germenes del mal.
Al principio se divisaron algunas peleas en la distancia, "cosa del vino" dijeron los invitados. Don Giulano, parroco de la villa dijo "estos jóvenes de hoy en día no saben beber", al minuto siguiente tenía los ojos de color purpura y estaba machacando la faz a una señora que se sentaba a su lado. En la mesa presidencial los primeros en zombificarse fueron los niños del circo (los medios dijeron que debido a su poco peso) y atacaron inmisericordemente a Doña Massima armados con unas botellas rotas. Al cabo de un cuarto de hora, los 7500 invitados tenían los ojos púrpuras y estaban enzarzados en un festival de salvajismo mutuo. Hijos contra padres, mujeres contra maridos, todos sentían el irrefenable deseo de aplicar una violencia ciega contra el prójimo. Se dieron casos de ancianas que acabaron con hombres que las doblaban en altura y peso, un señor de sicilia mató a cincuenta comensales con un sacacorchos. Pasada una hora desde el inicio de las hostilidades quedaban sólo unos 3000 invitados en pie. Un periodista contó que hasta los mutilados utilizaban sus miembros amputados para golpear a todo lo que se moviera.
Don Fabiano, según las crónicas, se armó con la pata de una silla y mató a los niños del circo, a sus hijos, a las novias, a cuatro curas y un camarero. Cayó fulminado al recibir el impacto de un geranio en su cabeza.
Al cabo de cinco horas no quedaba nadie en pie, el espectáculo era, efectivamente, dantesco.

24 de octubre de 2006

Jacob Sterling, realidad desenfocada

Cuando nació en 1890 el padre de Jacob al ver a su criatura exclamó: "Este niño por sus ojos tiene pinta de ser más tonto que ver mear"
Con estos antecedentes, Jacob, el primero por la derecha de la foto, tuvo una infancia algo triste. Pero él no se daba cuenta. Tenía un problema, cada vez que emitía una opinión o un juicio, basada en algo que había pasado realmente, no acertaba ni por casualidad.
Un ejemplo, su padre, el tipo de la barba con cara de simpático, una noche cenando le dijo: "Hijo mío, ver tu cara repugnante mientras ceno me da asco". El infante, al irse a la cama le dijo a su madre: "Papa me quiere mucho, ¿verdad mama?.
En el colegio, Bobby Hate, un delincuente juvenil que iba a su clase, expresó su opinión respecto a Jacob de forma tajante: "Que mal me cae, joder, que mal, no le meto un par de mandobles porque soy un individuo magnánimo". Al cumplir los doce años su madre le permitió invitar a un amiguito de su clase a su fiesta, por supuesto Jacob escogió a Bobby. El pequeño sátrapa convirtió la fiesta de Jacob en una pesadilla.
Llevó de regalo un tarro vacio, que supuestamente contenía "aire puro de las rocosas", pero en realidad contenía el virus de la tosferina. El hermano pequeño de nuestro protagonista, en el centro de la foto, estuvo enfermo durante los siguientes cinco años. En un descuido el ladino de Bobby se benefició a la criada de la casa, Helka Virtanen, una mujer de 42 años de origen finés que aun conservaba su virgo. Como colofón, y en pleno "Happy Birthday" Bobby le clavó un punzón a la hermana de Jacob en un pecho. El padre de Jacob, lejos de contrariarse, llamó a un abogado para intentar repudiar a Jacob y adoptar a Bobby, que según el padre, "es un cabronazo pero tiene los güevos cuadraos". Por fortuna, Helka, la criada burlada, abrió el craneo de Bobby con un atizador antes de que la maniobra legal tuviera efecto.
Jacob acabó estudiando periodismo, por ordenes de su padre, que poseía la licencia para la fabricación de cerillas en todo EEUU. El progenitor era el maximo accionista de varios periódicos de Alabama. El joven Jacob se graduó con buenas calificaciones, ya que su padre le había grabado a fuego en uno de sus muslos "opiniones NO" y en el otro "limitate a poner lo que dicen los libros".
Su padre ordenó al director del periódico que le mandara lo más lejos posible, y como quien paga al flautista elige la melodía, Jacob acabó de corresponsal en Europa.
Su primer artículo lo escribió desde Sarajevo, el 27 de Junio de 1914, en el escribía:
"La ciudad está expectante y engalanada para la visita del archiduque Francisco Fernando. Nadie diría, en estas horas previas al desfile, que en esta ciudad pueda pasar algo malo. No sólo en esta ciudad, en toda Europa se respira un ambiente de paz, tranquilidad y concordia".
Otra perla, San Petersburgo, finales de Septiembre de 1917:
"Aquellos que dicen que el partido Bolchevique tiene alguna posibilidad de desencadenar la revolución están aislados de la realidad o son agentes del marxismo-leninismo"
El director del periodico, viendo sus ventas desplomarse en esos años se suicidó bebiendo tinta china. El padre de Jacob para evitar que su hijo causara más daños al rotativo, y "por gusto" según dijo más tarde, contrato a unos espías rumanos para que cercenaran la vida de su hijo. Los espías cumplieron su cometido, facilitado en gran parte por la estulticia del muchacho.
Sin embargo, años después, alguien saco provecho de la peculiar deformidad cognitiva de Jacob. Tomasso, el hijo de Helka, la criada finesa, y Bobby, el delincuente juvenil se hizo de oro aplicando a la inversa una ensayo que Jacob escribió en la facultad, titulado "Donde NO debe usted invertir". En el se describía que nunca se pusiera el dinero en manos de: "La industria del automovil, ese ridículo invento, o el cine pornográfico, degeneración francesa pasajera".

20 de octubre de 2006

Harold Stamp, el imperturbable


Todo comenzó con esta foto, Harold Stamp, un tipo sencillo pasó a engrosar la larga lista de extraños personajes del Londres victoriano.
Harold tenía un sueño, una necesidad, ser fotografiado. Trabajaba en una fábrica artillera, montando obuses del calibre 155. Al acabar la jornada laboral paraba con sus compañeros en el pub "el ufano imperialista" donde siempre comentaba "yo antes de morirme sólo tengo un sueño, más que un sueño una necesidad, ser fotografiado".
Una tarde de sábado, circa 1890, Harold fue al estudio del afamado fotografo, Daniel S. Stacy, del cual se contaba que había conseguido tomar una foto de la Reina Victoria sin quedarse ciego.
El fotografó encuadró a Harold, le dió la señal de listo y accionó el mecanismo obturador. Después de eso el silencio.
La cara que presenta Harold en la foto fue la misma que lució hasta el día de su muerte. Y al decir la misma nos referimos a que no volvió a mover un músculo de su faz nunca más. Psicológicamente Harold había cumplido su sueño, a partir de ese momento ya nada importaba, por lo que se convirtió en un autómata el resto de sus días.
Al principio su círculo de amistades no le dió importancia, pero cuando accidentalmente se supo, que su mujer, Alice Cunningham, había mantenido relaciones extramaritales con el frutero, el carnicero, el panadero y un afilador de cuchillos hungaro, y Harold, extremadamente celoso otrora no modifico su semblante, empezaron a pensar que la cosa era seria.
El caso llegó a oidos del afamado doctor en veterinaria Rudy Michael, quien lejos de intentar curar al enfermo vió las posibilidades pecuniarias de tal sujeto. Fué sencillo aprovecharse del pobre Harold, que fue bautizado como "El hombre imperturbable".
Fué expuesto en una jaula donde se le sometía a toda clase de escarnios para mofa y diversión del público. El espectaculo varió en los dos años que duró el invento, pero básicamente consistía en poner a Harold ante una situación tremenda y contemplar su imperturbabilidad. Había varios números famosos. Uno era el de los chimpances borrachos, donde un par de monos adictos a la absenta vejaban al pobre individuo. En ocasiones paseaban delante de Harold mujeres desnudas en actitudes pocas castas sin que este moviera sus ojos un centímetro. Sin duda, el peor de todos, fué cuando un tipo de Manchester que no se había lavado los dientes en veinticinco años estuvo durante tres horas echando el aliento al pobre desgraciado.
En un mundo tan cambiante Harold pasó de moda pronto, sustituido por atracciones tan excitantes como la gallina sin cabeza, que era alimentada a traves de un pajita que salía de su cuello.
El veterinario, en un último acto de codicia llevó al pobre ser a un taxidermista para que fuera disecado y posteriormente vendido a un museo. Su explotador comentó que fue un acto de piedad, puesto que un proxeneta del soho le ofreció más dinero por Harold.

P.d.: Harold Stamp se exibe actualmente en el Museo Postales Victorianas de Londres, junto a Jimbo, uno de los monos bebedores de absenta, donde cada año recibe la visita de decenas de incondicionales que le muestran su respeto y admiración.

19 de octubre de 2006

Alexandru, el enano de hunedoara

Hunedoara, Rumanía, año 1880. Unos pocos años despues de la independencia del país un extraño suceso acaece en el castillo que aparece a la izquierda de sus pantallas.
El protagonista fue un pequeño hombre, llamado Alexandru, cuya estatura no alcanzaba el 1,35.
Hasta aquí la historia se anticipa tópica, un castillo de los alpes transilvanicos, misterio y un ser fuera de lo normal. Nada más alejado de la irrealidad.
Alexandru era el barrendero del castillo, que por esos años era propiedad de un noble rumano, como no podía ser de otra forma, llamado Petrescu. Petrescu era un libertino con todas las letras. Sólo pensaba en disfrutar de sabrosos banquetes, amables mujeres y opio, sobre todo el opio. Esto hacía que la administración del castillo estuviese algo descuidada.
Alexandru era un tipo esforzado, se afanaba incansablemente por mantener el castillo con un aspecto decente. A pesar de su corta estatura Alexandru había desarrollado una asombrosa desetreza en el manejo de la escoba, el referente estético más cercano sería Bruce Lee manejando unos nunchakus, o en este caso un Bo. El no era consciente que en principio se le exigía bastante menos, es más, si un día Alexandru hubiera desaparecido, Petrescu casi ni le hubiera echado en falta.
En la primavera de 1880, el noble Petrescu decidió celebrar el festival de los verdes campos. La celebración consistía en traer a las bandas folcloricas más famosas de Bucarest para que con la excusa cultural los asistentes se pusieran técnicamente finos. Efectivamente así fue, tres días de excesos en los que participarón incluso el párroco y el farmaceutico del lugar. Aunque este no es el motivo que nos ocupa, las crónicas de la prensa local le situaron como uno de los personajes más solicitados del festejo.
Al cuarto día la definición de la palabra caos se hizo patente en las toneladas de basura acumuladas en todas las estancias del castillo. Esto fue demasiado para Alexandru.
Ni en varios meses podría adecentar los aposentos. Su escoba, su habilidad, su dedicación no serían suficientes esta vez.
Alexandru fue visto ese día, bebiendo cerveza rumana en la taberna local. Los aldeanos contaron que el diminuto barrendero tenía una faz algo extraña. En palabras textuales del camarero "un aspecto de pequeño perturbado bastante inquietante". Debido a que Alexandru no era cliente habitual de la taberna (sólo entro una vez por confundirla con la herrería local), alguien decidió preguntarle que hacía alli engullendo litros de cerveza.
La respuesta fue tajante: "os voy a joder la vida". Acto seguido propinó un certero golpe con su escoba en el craneo del ciudadano curioso que hizo que este formulara su última pregunta. A continuación se desató un festival de exterminio. Alexandru movía su escoba como una centella, mientras que despedazaba a cualquiera que se cruzara en su camino. Adriana Hagi, una vecina de 98 años y unica superviviente de la tragedia recordaba asi las dantescas escenas: "Aquel hombrecillo era una furía homicida, sus manitas manejaban aquella escoba como la propia muerte portando su guadaña". Alexandru se cobro ese día 8945 victimas, de una población de 8946 habitantes. Especialmente dura fue la muerte para el díscolo dueño del castillo, Petrescu, a quien se encontró empalado en el instrumento de destrucción y castigo.
El enano Alexandru no fue visto nunca más, a pesar de que fue buscado por tres divisiones de infanteria y ocho voluntarios pertenecientes al colegio de farmaceuticos de Bucarest los cuales declararon: "nos ha jodido el negocio"

18 de octubre de 2006

Dexter Lewis, actor sin par

Dexter Lewis nació en 1882 en Rochester, Minnesotta. Hijo de un ebanista manco y de una cabaretera polaca tuvo una infancia difícil debido a las estrecheces económicas de la familia.
Dexter a muy temprana edad demuestra un don natural para el teatro, la chanza y el cuento chino.
Increible es la anecdota de que con cinco años el niño fuera capaz de simular su defunción por cinco días y que nadie se diera cuenta.
El médico local, recuerda asi el suceso: "No pude dar credito a lo que veian mis ojos, ese pequeño diablillo logro parar su corazón de alguna forma, la infalible prueba del espejo indicó que no respiraba".
En la foto vemos a Dexter disfrazado de indio en la compañía de teatro local (el octavo por la derecha), en la representación de la obra "Genocidio por necesidad". Ya en esa época de post adolescencia Dexter Lewis empieza a utilizar su habilidad para el engaño de forma sibilina. Al parecer se hacía pasar por los maridos de sus vecinas para lograr los favores sexuales de estas.
Una mujer cercana a su domicilio recuerda así esos alocados días: " Dexter llamaba a la puerta y con un par de ardides te tenía subyugada entre sus brazos".
Dexter abandona pronto su hogar natal y se traslada a Nueva York para buscar alguna oportunidad en Broadway. Desgraciadamente ningún teatro contrata personal de Rochester, Minnesotta, ya que existe una ley que lo prohibe. Al parecer Henry McLugan, senador por Alabama, promulgo esta ley en estado de embriaguez. Al resto de miembros de la camara les debió parecer "una divertida ocurrencia de los pintorescos habitantes del sur".
Dexter decide entonces enfocar su carrera hacía el sector de la criminalidad. Gracias a sus habilidades saquea la caja de varios prostibulos irlandeses haciendose pasar por el arcangel San Gabriel.
Es en esta época de delitos y faltas cuando Dexter pasa a la historia del engaño. En un alarde de picardía interpretativa sustituye al jefe de tráfico marítimo y ordena a los guardacostas interceptar todos los barcos con bandera belga que lleguen a puerto. Sus ordenes literales fueron: "Que no quede uno vivo". Dexter Lewis es detenido tres semanas después cuando a alguien le resulta sospechoso que el rio Hudson este lleno de coles flotantes y cadáveres belgas.
Ante la pregunta de porque lo hizo Dexter comenta que sintió la irrefenable llamada del poder.
Dexter Lewis fue condenado a cinco años y tres meses en la penitenciaría de la calle West por usurpación de cargo público. Desgraciadamente falleció en la carcel cuando participaba en el grupo de teatro del centro. En la obra "El alcaide, esa gran persona" fue confundido por los presos con el verdadero alcaide. En el primer acto una turba de presos enloquecidos tomo el escenario asestandole cincuenta puñaladas y un bastonazo.
A día de hoy pocas personas recuerdan a Dexter Lewis, unicamente existe una estatua en Hassett, Limburgo, Bélgica donde debajo de su efigie reza "Dexter Lewis grandísimo hijo de puta"